LA MUJER EN EL ISLAM
VERSUS
JUDEOCRISTIANISMO:
"Mito y Realidad"
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Prefacio


Dr. Sherif Muhammad, un eminente escritor-pensador con un antecedente académico en ingeniería eléctrica, siendo activo en la predicación y propagación del Islam y ha escrito ampliamente sobre problemas islámicos y problemas sociales y políticos contemporáneos que afectan a la humanidad en general. Él actualmente vive en Kingston, Ontario, Canadá.



El Dr. Sherif dijo en la introducción (p.4), "... mi preocupación es, principalmente, la posición de la mujer en las tres religiones tal y como aparece en sus fuentes originales no se practica por sus millones de seguidores en el mundo hoy. Por tanto, la mayoría de las evidencias citadas proceden del Corán, los dichos del Profeta Muhammad (SAW), la Biblia, el Talmud, y los dichos de algunos de los más influyentes Padres de la Iglesia cuyas vistas han contribuido inmensamente a definir y dar forma al Cristianismo. Este interés en las fuentes esta relacionado con el hecho de que entender una cierta religión a partir de las actitudes y del comportamiento de algunos de sus seguidores, es engañoso. Muchas personas confunden cultura con religión, otros no saben lo que sus libros dicen, y otros ni siquiera se preocupan."



Este folleto esta dirigido al problema actual concerniente al estado de la mujer tal y como aparece documentado en las tres religiones Abrahámicas. El estado de la mujer en las doctrinas reveladas definidas, entre otras cosas, por los derechos, privilegios y responsabilidades, es quizás una de las menos comprendidas y las más distorsionadas, y de la que la mayoría todavía habla - especialmente los mitos que rodean a la mujer musulmana. El folleto está bien documentado con fuentes de información que han sido sacadas y referenciadas propiamente de los libros sagrados de los Judíos, Cristianos y Musulmanes y otras literaturas.



Mientras el artículo de la mujer por Dr. Jamal Badawi da una entendimiento global de la situación de la mujer en el Islam, el del Dr. Sherif es un análisis comparativo de las visión de las religiones Abrahámicas en una gama entera de problemas que afectan a la mujer. Juntos, responden a la cruel propaganda y ataque contra el Islam al respecto.



Este artículo refleja algunas de la malas percepciones hechas acerca del estado de la mujer tal y como se evidencia en el Corán, distinguiendo entre la real creencia islámica y la practica de una variedad de musulmanes influidos por las costumbres culturales y sociales y poner de relieve la heterogeneidad del estado de la mujer en el Islam. En vista a las malas percepciones extendidas no solo entre no-musulmanes Occidentales sino entre algunos musulmanes al respecto, este artículo debe ser leído por todos aquellas personas concientes. Este folleto también ofrece la esperanza de fomentar unas relaciones armoniosas entre musulmanes y no-musulmanes. Este folleto es un imperativo para todo aquellos que se muestre interesados en conocer el estado de la mujer en las tres creencias reveladas y para aquellos a los que le gustaría buscar la verdad en ellos.



Revisada por Nazre Sobhan



Introducción


Hace cinco años leí en el número correspondiente al 3 de Julio de 1990 de la revista Toronto Star, un artículo titulado "El Islam no es sólo una doctrina patriarcal", firmado por Gwynne Dyer. El artículo describe las reacciones agresivas de los participantes en la conferencia "Las mujeres y el poder" celebrada en Montreal, a las declaraciones de la famosa feminista egipcia Dra. Nawal Saadawi.



Su 'políticamente incorrecta' declaración incluía que: "los factores más restrictivos que pesan sobre las mujeres debían buscarse primero en el judaísmo del Antiguo Testamento, luego en el Cristianismo y finalmente en el Corán; [....] todas las religiones son patriarcales porque surgen en sociedades patriarcales; "y el velo de las mujeres no es una práctica específica del Islam sino una herencia cultural que guarda analogías con las religiones de su misma procedencia".



Los participantes no pudieron seguir en sus asientos mientras sus creencias estaban siendo comparadas con el Islam, y así, la Dra. Saadawi recibió una avalancha de críticas: "Las declaraciones de la Dra. Saadawi son inaceptables. Sus afirmaciones muestran un profundo desconocimiento acerca de las creencias de los demás", declaró Bernice Dubois del World Movement of Mothers -Movimiento Mundial de Madres-. "Debo protestar -dijo la periodista Alice Shalvi, de la cadena femenina de la radio israeli -no existe la institución del velo en el Judaísmo".



El artículo atribuía estas reacciones violentas a la fuerte tendencia occidental de culpar al Islam de prácticas que en muchos casos forman parte de la herencia cultural occidental. "Las feminista cristianas y judías no se reunieron a discutir al mismo nivel que aquellas malvadas musulmanas", escribió Gwynne Dyer. (1)



No me sorprendió el hecho de que los participantes tuviesen tan negativa visión del Islam, especialmente tratándose de la cuestión de la mujer. En occidente, el Islam es considerado el símbolo por excelencia de la subordinación de la mujer. Para poder entender cómo se mantiene esta creencia, es necesario recordar que el Ministerio de Educación de Francia, la tierra de Voltaire, ha ordenado recientemente la expulsión de una joven musulmana por llevar el velo en una Escuela Pública. Una joven estudiante musulmana ha visto negado y violado su derecho a la educación en Francia, mientras una estudiante católica puede portar una cruz o un estudiante judío llevar su kippa. La escena de la policía francesa advirtiendo a las jóvenes estudiantes musulmanas que se descubran para poder entrar a los institutos resulta inolvidable.



Trae a nuestra memoria otra desgraciada escena protagonizada por el Gobernador de Alabama, George Wallace en 1962: de pie frente a la verja de una escuela, impidiendo la entrada a los estudiantes negros, intentando evitar el fin de la segregación racial en las escuelas de dicho estado norteamericano.



La diferencia entre ambas escenas estriba en que los estudiantes negros contaban con el apoyo y la simpatía de mucha gente en los Estados Unidos y en todo el mundo. El presidente Kennedy envió a la Guardia Nacional para garantizar el acceso de los estudiante a las escuelas.

En el otro caso, las jóvenes musulmanas no reciben ayuda de nadie. Su causa parece tener poca simpatía dentro y fuera de Francia. La razón estriba en el desconocimiento y el miedo, tan extendido hoy en día, hacia todo lo islámico.



El tema que más nos preocupó de la Conferencia de Montreal fue éste: ¿Eran ciertas las declaraciones de Saadawi o lo eran algunas de sus críticas? En otras palabras, ¿Tiene el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam la misma concepción de la mujer? ¿Existen diferencias en sus respectivas concepciones? ¿Pueden el Judaísmo y el Cristianismo ofrecer a la mujer un mejor tratamiento que el que le otorga el Islam? ¿Cuál es la verdad sobre todo esto?



No es fácil buscar y encontrar respuestas a estas difíciles preguntas. La primera dificultad reside en que se ha de ser equitativo y objetivo o, al menos, intentar serlo al máximo. Esto es lo que el Islam nos enseña.

El Corán exhorta a los musulmanes a decir la verdad incluso cuando ésta revela cosas que no nos gustan:



"Sed justos cuando declaréis, aun si se trata de un pariente."

(Sagrado Corán 6:152)



"Oh, vosotros que creéis, sed firmes en establecer la equidad dando testimonio por Allah,

auque vaya en contra de vosotros mismos o de vuestros padres o parientes más próximos,

tanto si son ricos como si son pobres".

(Sagrado Corán 4:135)



La otra gran dificultad es la abrumadora extensión de tema. Por ello, en los últimos años he dedicado muchas horas a leer la Biblia, la Enciclopedia de la Religión y la Enciclopedia Judaica en busca de respuestas. También he leído numerosos libros en los que se analiza la situación de la mujer en las diferentes religiones, escritos por profesores universitarios, apologistas y críticos.



El material presentado en los capítulos siguientes presenta el resultado de esta humilde búsqueda. No puedo asegurar la condición de ser absolutamente objetivo, pues ello excede a mi capacidad. Todo lo que puedo decir es que he procurado aproximarme durante la investigación al ideal coránico del "hablar con veracidad"



Me gustaría resaltar en esta introducción que la finalidad de este análisis no es denigrar al Judaísmo ni al Cristianismo. Como musulmanes, creemos en el origen divino de ambos. No se puede ser musulmán sin creen que Moisés y Jesús, que la Paz sea con ellos, fueron grandes Profetas de Dios. Mi propósito es simplemente expresar el Islam y rendir un tributo, largamente aplazado en occidente, al último Mensaje verdadero de Dios al género humano.



Quisiera así mismo resaltar que es una cuestión doctrinal que me interesa personalmente. Sobre todo la cuestión de la situación de la mujer en las tres religiones tal como aparece reflejada en las fuentes originales y no en la práctica de los millones de seguidores que hoy existen en el mundo.



Por consiguiente, muchas de las citas proceden del Corán, de los Dichos del Profeta Muhammad, de la Biblia, del Talmud y de los escritos de algunos de los más importantes Padres de la Iglesia, cuyas visiones contribuyeron de manera decisiva a definir y conformar el Cristianismo. Este interés por las narraciones originales nos sugiere que el desconocimiento de la religión verdadera a causa de las actitudes y prácticas de muchos de sus seguidores nominales, puede inducirnos a error. Mucha gente confunde cultura con religión, otros muchos no saben lo que dicen sus textos sagrados y a otros no les preocupa la cuestión.



1. ¿Por culpa de Eva?



Las tres religiones están de acuerdo en un hecho: Tanto los hombres como las mujeres han sido creados por Dios, el Creador de todo el Universo. Sin embargo, la discrepancia comienza poco después de la creación del primer hombre, Adán, y de la primera mujer, Eva. La concepción judeocristiana de la creación de Adán y Eva está narrada con detalle en el Libro del Génesis (2:4 y 3:24) Dios les prohíbe a ambos que coman los frutos del Árbol Vedado. La serpiente induce a Eva a comerlos, y Eva, seguidamente, induce a Adán a comer con ella.



Cuando Dios inquiere a Adán por lo que ha hecho, éste echa toda la culpa a Eva:



"La mujer que pusiste a mi lado me ha dado la fruta del árbol y

yo la he comido."



Por consiguiente, Dios dice a Eva:



"Yo aumentaré tus sufrimientos durante el embarazo; parirás tus

hijos con dolor. Tus deseos será el de tu marido y él tendrá autoridad

sobre ti."



Él le dijo a Adán:



"Puesto que obedeciste a tu mujer y comiste del Árbol...

maldeciré a la tierra por tu causa; conseguirás el pan con

gran esfuerzo todos los días de tu vida."



La concepción islámica de la primera creación se encuentra en numerosos lugares del Corán. Por ejemplo:



"¡Oh Adán! ¡Habita con tu esposa en el Jardín y comed de lo que queráis,

pero no os acerquéis a este árbol! Si no, seréis de los impíos.



Pero Shaytán le insinuó el mal, mostrándoles su escondida desnudez, y dijo:

'Vuestro Señor no os ha prohibido acercaros a ese árbol sino por temor de

que os convirtierais en ángeles u os hicierais inmortales'.



Y les juró: ¡De verdad que os aconsejo el bien!





Les hizo, pues, caer dolorosamente. Y cuando hubieron gustado ambos
del árbol, se les reveló su desnudez y comenzaron a cubrirse con hojas

del Jardín. Su Señor les llamó: ¿No os había prohibido ese árbol y dicho

que Shaytan (Satán) era para vosotros un enemigo declarado?



Dijeron: ¡Señor nuestro! Hemos sido injustos con nosotros mismos y si

no nos perdonas y no tienes misericordia de nosotros, estaremos entre

los pedidos."

(Sagrado Corán 7: 19-23)



Una mirada cuidadosa sobre los dos relatos de la historia de la Creación, revela algunas diferencias fundamentales. El Corán, contrariamente a la Biblia, atribuye la misma responsabilidad a ambos, Adán y Eva, por el error cometido.



En ningún lugar del Corán podemos encontrar la más leve insinuación de que Eva tentó a Adán para que éste comiera del árbol o que ella hubiese comido antes que él. En el Corán, Eva no es tentadora, seductora o engañadora.



Además, Eva no es castigada con sufrimientos durante el embarazo. Dios, de acuerdo con el Corán, no castiga a uno por las faltas del otro. Ambos, Adán y Eva, cometieron un pecado y entonces pidieron perdón a Dios y Él los perdonó a los dos.



2. El legado de Eva



La imagen bíblica de la Eva tentadora ha tenido un impacto extremadamente negativo sobre las mujeres en la tradición judeocristiana. Todas las mujeres creían haber heredado de su madre, la bíblica Eva, su culpa y su mentira. Consecuentemente, todas eran infieles, moralmente inferiores y malvadas. La menstruación, la concepción y el embarazo fueron considerados como justo castigo por el ancestral delito cometido por el maldito sexo femenino. Para poder apreciar en toda su dimensión la negativa influencia de la Eva bíblica sobre todas sus descendientes femeninas hemos de acudir a los textos de algunos de los más importantes pensadores judíos y cristianos de todas las épocas.



Comencemos por el Antiguo Testamento y miremos en los textos de la llamada Literatura Sapiencial, en donde encontramos:



"Encontré más amarga que la muerte a la mujer enredadora, cuyo corazón

es una trampa y cuyas manos son cadenas. El hombre que agrada a Dios

debe escapar de ella, pero el pecador en ella habrá de enredarse... mientras

yo, tranquilo, buscaba sin encontrar, encontré a un hombre justo entre mil,

más no encontré una sola mujer justa entre todas".

(Eclesiastés 7:26-28)



En otro lugar de la Literatura Hebrea, que se encuentra en la Biblia Católica podemos leer:



"No hay maldad comparable a la maldad de la mujer...

El pecado llegó con una mujer y a ella se debe el hecho de que todos

nosotros habremos de morir."

(Eclesiastés 25:19,24)



Los rabinos judíos registraron nueve maldiciones inflingidas a las mujeres como consecuencia de la Caída:



"Él [Dios] concedió a las mujeres nueve maldiciones y la muerte:

soportar la sangre de la menstruación y la sangre de la virginidad,

la carga del embarazo, la carga del parto y la de criar a los hijos;

su cabeza está cubierta como quien está de luto; horada sus orejas

como una esclava o joven esclava que sirve a su señor; ella no es

tenida nunca por inteligente; y después de todo, muere." [2]



Hasta el día de hoy, los judíos ortodoxos, en sus oraciones diarias matinales recitan:



"Bendito seas Dios, Rey del Universo, porque Tú no me has hecho mujer".



Las mujeres, por otra parte, agradecen a Dios cada mañana "por hacerme de acuerdo a Tu Voluntad" [3]

Otra plegaria aparece en muchos libros de oraciones judíos:



"Alabado sea Dios que no me ha creado gentil. Alabado sea Dios

que no me ha creado mujer. Alabado sea Dios que no me ha hecho

ignorante".[4]



Eva había pecado, induciendo después a Adán a seguir su conducta. Por consiguiente, Dios los expulsó a ambos del Cielo a la Tierra, que habría sido maldita por su causa. Ellos legaron su pecado, que no había sido perdonado por Dios, a todos sus descendientes y, por eso, todos los humanos nacen en pecado. Para purificar a los seres humanos de su 'pecado original', Dios tenía que sacrificar en la cruz a Jesús, que es considerado 'el Hijo de Dios'.

Por consiguiente, Eva es responsable de su propio error, del pecado de su marido, del pecado original de toda la humanidad, y de la muerte del 'Hijo de Dios'.

En otras palabras, una mujer actuando por su cuenta causó la caída de la humanidad. ¿Qué ocurrió con sus hijas? Ellas son tan pecadoras como ella y tienen que ser tratadas como tales. Escuchemos el tono severo de San Pablo en el Nuevo Testamento:



"La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión.

Yo no permito a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un

hombre; debe estar en silencio. Adán fue creado primero, luego

Eva. Y Adán no fue el engañado; fue la mujer quien fue engañada

y se volvió pecadora".

(I Timoteo 2:11-14)



San Tertuliano es aún más generoso que San Pablo cuando, hablando a sus 'hermanas más queridas' en la fe, dijo: [6]



"¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva? La sentencia

de Dios sobre vuestro sexo sigue vigente: la culpa debe existir

también necesariamente. Vosotras sois la puerta del Diablo: sois

las transgresoras del árbol prohibido: sois las primeras transgresoras

de la ley divina: vosotras sois las que persuadisteis al hombre de

que el diablo no era lo bastante valiente para atacarle. Vosotras

destruisteis fácilmente la imagen que de Dios tenía el hombre.

Incluso, por causa de vuestra deserción, habría de morir el Hijo

de Dios".



San Agustín, fiel al legado de sus predecesores, escribió a un amigo:



"Lo que la diferencia, ya sea esposa o madre, es que es aún Eva

la tentadora, de la que nosotros debemos protegernos en cualquier

mujer... Yo no veo la utilidad que puede tener la mujer para el

hombre, con excepción de la función de parir a los hijos."



Siglos después, Santo Tomás de Aquino todavía consideraba a las mujeres como seres defectuosos:



"Respecto a la naturaleza individual, la mujer es incompleta y

mal dispuesta; la fuerza activa contenida en la semilla masculina

tiende a la producción de una semejanza perfecta en sexo

masculino; mientras la producción de la mujer proviene de un

defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material,

o incluso de una cierta influencia externa."



Finalmente, el famoso reformador Martín Lutero no podía ver beneficio alguno en la mujer salvo en el hecho de traer

al mundo tantos niños como le sea posible, sin tener en cuenta cualquier otro aspecto:



"Si se cansan o incluso mueren, eso no tiene importancia. Dejémoslas

morir en el parto, que es lo que ellas están allí".



Una y otra vez las mujeres son denigradas a causa de la imagen de la Eva tentadora, gracias al relato del Génesis.



Para resumir, la concepción judeocristiana de la mujer ha sido contaminada por la creencia en la naturaleza pecadora de Eva y de su descendencia femenina.



Si prestamos ahora atención a lo que el Corán nos dice sobre las mujeres, comprenderemos pronto que la concepción islámica de la mujer es bastante diferente de la Judeocristiana. Dejemos que el Corán hable por sí mismo:



"Para los musulmanes y las musulmanas, a los creyentes y a las creyentes,

a los obedientes y a las obedientes, a los veraces y a las veraces, a los

pacientes y a las pacientes, a los humildes y a las humildes, a los que dan

con sinceridad y a las que dan con sinceridad, a los que ayunan y a las que

ayunan, a los que se guardan sus partes íntimas y a las que las guardan

y a lo que recuerdan mucho a Allah y a las que recuerdan; Allah les ha

preparado un perdón y una enorme recompensa".

(Sagrado Corán 33:35)



"Los creyentes y las creyentes son amigos aliados unos de otros, ordenan

lo reconocido como bueno y prohíben lo reprobable, establecen el salat,

entregan el salat y obedecen a Allah y a Su mensajero. A ésos Allah les

hará entrar en Su Misericordia; es cierto que Allah es Poderoso, Sabio".

(Sagrado Corán 9:71)



"Y su Señor les responde: No dejaré que se pierda lo que haya hecho

ninguno de vosotros, sea varón o hembra. Unos procedéis de otros."

(Sagrado Corán 3:195)



"El que haya cometido maldad sólo recibirá el pago equivalente a ella,

pero quien haya obrado con rectitud, sea varón o hembra, y sea creyente,

ésos entrarán en el Jardín donde se les proveerá sin limitación".

(Sagrado Corán 40:40)



"A quien haya obrado con rectitud sea varón o hembra, siendo creyente,

le haremos vivir una buena vida y le daremos la recompensa que le

corresponda por lo mejor que haya hecho".

(Sagrado Corán 16:97)



Está claro que la visión coránica de la mujer no es diferente de la del hombre. Ambos son criaturas de Dios cuya meta sublime en la tierra es rendir culto a su Señor, realizar actos virtuosos y evitar el mal, y ambos serán juzgados de acuerdo a ello. El Corán nunca menciona que la mujer sea la puerta del diablo o que sea mentirosa por naturaleza. El Corán tampoco menciona que el hombre haya sido hecho a imagen de Dios, todos los hombres y mujeres son sus criaturas. Eso es todo. Según el Corán, el papel de la mujer en la tierra no se reduce a parir. Se le exige que haga tantas buenas acciones como al hombre. El Corán nunca dice que no haya existido jamás una mujer de recta conducta. Por el contrario, el Corán ha instado a todos los creyentes, mujeres y hombres, a seguir el ejemplo de mujeres ideales como la Virgen María y la esposa de Faraón:

"Y Allah les pone un ejemplo a los que creen: La mujer de Faraón cuando

dijo: ¡Señor mío! Haz para mí una junto a Ti, en el Jardín, y sálvame de

Faraón y de sus actos; y sálvame de la gente injusta.

Y Maria, la hija de Imrán, que conservó su virginidad y en la que infundimos

de Nuestro Espíritu. Y la que creyó en la verdad de las palabras de su Señor

y en Su libro y fue de las obedientes."

(Sagrado Corán 66:12)


Continuación..................


3. ¿Hijas avergonzadas?



De hecho, la diferencia entre la actitud de la Biblia y la del Corán hacia el sexo femenino comienza ya en el momento en que nace una mujer. Por ejemplo, la Biblia dice:



"el período de impureza ritual de la madre es doble si se trata

de una muchacha que si nace un muchacho". (Lev. 12:2-5)



La Biblia católica lo declara explícitamente:



"El nacimiento de una hija es una pérdida."

(Ecclesiasticus 22:3)



En contraste con esta declaración chocante, los muchachos reciben alabanza especial:



"Un hombre que educa a su hijo será envidiado por su enemigo."

(Ecclesiasticus 30:3)



Los rabinos judíos declararon obligatorio para los hombres producir descendencia, con el fin de propagar la raza. AL mismo tiempo, no ocultaron su clara preferencia por los hijos varones:



"Es un bien para aquellos cuyos hijos sean varones pero un mal

para aquellos cuyos hijos sean hembra". "Durante el nacimiento

de un muchacho, todos están contentos... en el nacimiento de una

muchacha todos están afligidos", y "Cuando un muchacho entra

en el mundo, la paz entra en el mundo... Cuando una muchacha

llega, nada trae." [7 ]



Una hija considerada una carga dolorosa, una fuente potencial de vergüenza para su padre:



¿Tu hija es obstinada? Cuídate de que no te convierta en el hazmerreír

de tus enemigos, en las habladuría del pueblo, en objeto de vulgares

chismorreos, y te exponga a la vergüenza pública."

(Ecclesiasticus 42:11)



"Mantén con mano firme a la hija obstinada o ella abusará de cualquier

indulgencia que de ti reciba. Vigila sus ojos desvergonzados y no te

sorprendas si ella te deshonra."

(Ecclesiasticus 26:10-11)



Esta misma idea que este siniestro crimen nunca habría cesado en Arabia si no hubiera sido por la contundencia de los términos que emplea el Corán para condenar esta práctica (Corán 16:59, 43:17, 81:8-9). Es más, el Corán no hace ninguna distinción entre los muchachos y las muchachas. En contraste con la Biblia, el Corán considera el nacimiento de una niña como un regalo y una bendición de Dios, igual que el nacimiento de un varón.



El Corán incluso menciona primero el regalo del nacimiento de una niña:



"El dominio de los cielos y la tierra pertenece a Allah. Él crea

lo que Él quiere. Regala hijas a quien quiere y regala hijos a

quien Él quiere."

(Sagrado Corán 42:49)



Para acabar con cualquier atisbo de infanticidio femenino en la sociedad musulmana naciente, el Profeta Muhammad, la Paz y las bendiciones sean con él, prometió a aquellos que fueran buenos con sus hijas, una gran recompensa si las trataban amablemente:



"Para aquel que se ocupa en mantener a sus hijas despiertas, y tiene

con ellas un trato benévolo, ellas serán una protección contra el fuego

del Infierno"

(Bujari y Muslim)



"Quienquiera que mantenga a dos muchachas hasta que logren su

madurez, él y yo estaremos así en el Día de la Resurrección'; y él

(Muhammad) unió sus dedos."

(Muslim)





4. Educación femenina



La diferencia entre las concepciones bíblicas y coránicas no se limitan a las niñas recién nacidas sino que se extiende mucho más allá. Comparemos sus actitudes hacia la mujer que intenta aprender su religión.



El corazón del Judaísmo es la Torah, la ley. Sin embargo, según el Talmud, "las mujeres están exentas del estudio de la Torah."



Algunos Rabinos judíos declararon firmemente:



"Preferimos dejar que las palabras de la Torah se destruyan por el

fuego a que se impartan a las mujeres, y "Aquel que enseña a su

hija la Torah es como se le enseñara obscenidades." [8]



La actitud de San Pablo en el Nuevo Testamento no es más luminosa:



"Como en todas las congregaciones de los santos, las mujeres deben

permanecer calladas en las iglesias. No les está permitido hablar, sino

que han de someterse a lo que dice la ley. Si ellas quieren preguntar sobre

algo, deben hacerlo a sus propios maridos en la casa; porque es deshonroso

para una mujer hablar en la iglesia."

(I Corintios 14:34-35)



¿Cómo puede aprender una mujer si no se le permite hablar? ¿Cómo puede crecer una mujer intelectualmente si le obligan a estar en un estado de sumisión plena? ¿Cómo puede ampliar sus horizontes si su única fuente de información proviene de su marido y en su casa?



Ahora, para ser justos, debemos preguntar: ¿Es diferente la posición coránica? Una breve historia narrada en el Corán resume concisamente su posición. Khawlah era una mujer musulmana cuyo marido Aws declaró en un momento de enojo:"Eres para mí como la espalda de mi madre." Esto era tenido por los árabes paganos como una declaración de divorcio que liberaba al marido de cualquier responsabilidad conyugal pero que no permitía a la esposa abandonar la casa del marido ni casarse con otro hombre. Tras escuchar estas palabras de su marido, Khawlah quedó en una situación miserable. Ella fue directamente al Profeta del Islam a exponerle el caso.

El profeta, la Paz y las Bendiciones sean con él, opinaba que ella debía tener paciencia ya que no parecía haber solución alguna. Khawlah continuó argumentando ante el Profeta en un esfuerzo por salvar su matrimonio roto. Al poco tiempo, el Corán intervino; la súplica de Khawlah fue aceptada. El veredicto divino abolió esta costumbre inicua. Un capítulo entero (Capítulo 58) del Corán cuyo título es "Almujadilah" o "La mujer que se está defendiendo" se reveló después de este incidente.



"Allah ha escuchado las palabras de la que recurrió a ti para defenderse

de su esposo y en su queja suplicaba a Allah; y Allah escuchaba vuestra

discusión. Realmente Allah es Quien oye y Quien ve.

(Sagrado Corán 58:1)



La mujer, en la concepción coránica, tiene derecho incluso a discutir con el mismo Profeta del Islam. Nadie tiene derecho a decirle que esté callada. Ella no tiene la obligación de considerar a su marido como única referencia en asuntos legales y de religión.





5. ¿Mujer sucia e impura?



Las leyes y normas judías concernientes a la menstruación de las mujeres son sumamente restrictivas. El Antiguo Testamento considera a toda mujer menstruante como sucia e impura. Es más, su impureza "contamina" también a los otros. Cualquier persona o cosa que toque se convierte en impura durante un día:



"Cuando una mujer tiene su flujo regular de sangre, la impureza de su

periodo mensual durará siete días, y aquello que toque estará impuro

hasta la tarde. Cualquier cosa sobre la que se acueste durante su período

será impura, y sobre la que se siente. Quien toque su cama deberá lavar

su ropa y bañarse con agua, y estará impuro hasta la tarde. Ya sea la

cama o algo en lo que ella se haya sentado, cuando alguien lo toque, estará

impuro hasta la tarde."

(Lev. 15:19-23)



Debido a su naturaleza "contaminante", la mujer menstruante era a veces "desterrada" para evitar cualquier posibilidad de contacto con ella. Le enviaban a una casa especial llamada "Casa de la Suciedad" durante el período completo de impureza. [9]

El Talmud considera a la mujer menstruante como "fatal" incluso sin que se produzca ningún contacto físico:



"Nuestros Rabinos enseñaron... si una mujer menstruante pasa entre

dos [hombres], si es al principio de sus menstruos, ella matará a uno de

ellos, y si está al final de sus menstruos causará disputa entre ellos."

(bPes. 111a.)



Además, al marido de una mujer menstruante le estaba prohibida la entrada en la sinagoga si se había contaminado por la causa de ella, incluso por tocar el polvo que habían pisado sus pies. Un sacerdote cuya esposa, hija o madre estaban menstruando, no podía recitar la bendición sacerdotal en la sinagoga. [10]



No sorprende el hecho de que muchas mujeres judías todavía se refieran a la menstruación como a "la maldición" [11]



El Islam no considera que la mujer menstruante tenga ningún tipo de suciedad contagiosa. Ella no es "intocable" ni "maldita". Hace su vida normal sólo con una restricción: a la mujer casada no se le permite tener relaciones sexuales durante el período de menstruación. Cualquier otro contacto físico entre los esposos está permitido. La mujer menstruante está exenta de algunas obligaciones rituales como las oraciones diarias y el ayuno mientras dura su período.





6. Valor testifical



Otros asunto en el que el Corán y la Biblia discrepan es el del valor del testimonio de las mujeres. Es cierto que el Corán recomienda a aquellos creyentes que realicen transacciones financieras, hacerlas ante dos testigos varones o ante un varón y dos hembras (Sagrado Corán 2:282)



Sin embargo, también es cierto que en otras ocasiones, el Corán acepta el testimonio de una mujer como igual al de un hombre. De hecho, el testimonio de la mujer puede incluso invalidar al del hombre. Si un hombre acusa a su esposa de fornicación, él es instado por el Corán a jurar cinco veces solemnemente como evidencia de la culpabilidad de la esposa. Si la esposa lo niega y jura cinco veces de la misma manera, ella no es considerada culpable y en cualquier caso el matrimonio se disuelve. (Sagrado Corán 24:6-11)



Por otra parte, no se permitía testificar a las mujeres en la sociedad judía primitiva. [12]



Los Rabinos contaban entre las nueve maldiciones infligidas a todas las mujeres a causa de la Caída, el no poder actuar como testigos (ver el epígrafe "El legado de Eva"). En el Israel de hoy no se permite a las mujeres dar testimonio en las Cortes Rabínicas. [13]



Los Rabinos justifican esta incapacidad citando el Génesis 18:9-16, donde se dice que Sara, la esposa de Abraham, había mentido. Los Rabinos usan este incidente como evidencia de que las mujeres son inhábiles como testigos. Debe resaltarse aquí que esta historia narrada en el Génesis (18: 9-16) se ha mencionado más de una vez en el Corán sin que se aluda a ninguna mentira dicha por Sara (Sagrado Corán 11: 69-74, 51: 24-30).



En el Occidente Cristiano, tanto el derecho canónico como el civil privaron a las mujeres del derecho de dar testimonio hasta fecha muy tardía, hasta el siglo pasado. [14]



Según la Biblia, si un hombre acusa a su esposa de fornicación, el testimonio de ella no tiene ningún valor. La acusada ha de someterse a una prueba. En dicha prueba, la esposa se enfrenta a un complejo y humillante ritual que se suponía demostraba su culpabilidad o inocencia (Núm 5: 11-31). Si tras la prueba se la consideraba culpable, era sentenciada a muerte. Si no se hallaba culpable, el marido quedaba a salvo de cualquier mal.



Además, si un hombre tomaba a una mujer como esposa y luego la acusaba de no ser virgen, el propio testimonio de ella no tenía validez. Sus padres debían aportar entonces pruebas de su virginidad ente los ancianos de la comunidad.



Si los padres no podían demostrar la inocencia de su hija, ésta era apedreada hasta la muerte ante la puerta de la casa paterna. Si los padres podían demostrar su inocencia, el marido era multado con sólo cien shekels de plata y no podía divorciar a su esposa mientras él viviera:



"Si un hombre toma a una esposa y, después de yacer con ella,

la repudia, la calumnia y la maldice, diciendo: 'Yo me casé con

esta mujer, pero cuando me acerqué a ella no encontré prueba

de su virginidad', entonces el padre y la madre de a muchacha

han de aportar pruebas de que ella era virgen ante los superiores

del pueblo, en la puerta. El padre de la muchacha dirá a los

superiores, 'yo di a mi hija en matrimonio a este hombre, pero

él la detesta. Ahora él la ha calumniado y ha dicho que no la

hallado virgen. Pero aquí está la prueba de la virginidad de mi

hija.' Entonces sus padres desplegarán la tela delante de los notables

del pueblo, y los notables tomarán al hombre y lo castigarán. El

deberá pagar cien shekels de plata al padre de la muchacha, pues

ha calumniado a una virgen israelita. Ella continuará siendo su esposa;

él no podrá divorciarla mientras viva. Si, por el contrario, la acusación

es cierta y no se puede presentar ninguna prueba de la virginidad de la

muchacha, ésta será llevada hasta la puerta de la casa de sus padres y

allí los hombres del pueblo le apedrearán hasta la muerte. Ella ha cometido

una deshonestidad en Israel, siendo promiscua cuando vivía aún en casa

de su padre. Por tanto ha de pagar por ello."

(Deuteronomio 22:13-21)

Continuación..................






7. Adulterio



El adulterio y la fornicación se considera ilícito en todas las religiones. La Biblia decreta la sentencia de muerte para ambos, el adúltero y la adúltera (Lev 20:10). El Islam también castiga de la misma manera a ambos, adúlteros y adúlteras. (Sagrado Corán 24:2). Sin embargo, la definición coránica de adulterio es muy diferente de la definición bíblica. El adulterio, según el Corán, es la implicación de un hombre casado o una mujer casada en una relación extramatrimonial. La Biblia solo considera como adulterio la relación extramarital de la mujer casada.



"Si se encuentra a un hombre yaciendo con la esposa de otro hombre,

ambos tanto el hombre que yació con ella como la mujer debe morir.

Debe expiar el mal de Israel."

(Deuteronomio 22:22)



"Si un hombre comete adulterio con la mujer de otro hombre, tanto el

adúltero como la adúltera se les dará muerte."

(Deuteronomio 20:10)



Según la definición de la Biblia, si un hombre yace con una mujer soltera, esto no es considerado un delito en absoluto. El hombre casado que tenga relaciones extramaritales con una mujer soltera no es un adúltero y las mujeres solteras involucradas con él tampoco son adúlteras. El crimen de adulterio solo se comete cuando un hombre, casado o soltero, se acuesta con una mujer casada. En este caso el hombre se considera adúltero, aunque él no este casado, y la mujer se considera una mujer adúltera. En resumen, es adulterio cualquier relación sexual en la que participa una mujer casada. La relación extramatrimonial de un hombre casado no es considerada, per se, a ser un delito en la Biblia. ¿Por qué esta doble moral? Según la Enciclopedia Judaica, se considera que la esposa es propiedad del marido y el adulterio constituye una violación del derecho exclusivo que el marido tiene sobre ella; la esposa, como propiedad de un hombre casado no tiene tales derechos sobre él. [15] Es decir, que si un hombre tuviera relación sexual con una mujer casada, estaría violando la propiedad de otro hombre y, por tanto, debe ser castigado.



Actualmente en Israel, si un hombre casado mantiene una relación extramatrimonial con una mujer soltera, los hijos de esa mujer se consideran legítimos. Por el contrario, si una mujer casada tiene relaciones con otro hombre, casado o no, los hijos que tenga con ese hombre no son legítimos sino considerados bastardos y se les prohíbe casarse con cualquier otro judío excepto con los conversos u otros bastados. Esta prohibición se extiende a los descendientes de estos niños durante 10 generaciones, cuando presumiblemente la mancha del adulterio ha desaparecido. [16]



El Corán, por otra parte, nunca considera a ninguna mujer ser propiedad de ningún hombre. El Corán describe elocuentemente la relación de la pareja diciendo:



"Y parte de Sus signos es que os creó esposas sacadas de vosotros mismos

para que encontrarais sosiego en ellas y puso entre vosotros amor y misericordia;

realmente en eso hay signos para gente que reflexiona."

(Sagrado Corán 30:21)





Esta es la concepción coránica del matrimonio: amor, misericordia, sosiego, tranquilidad, no propiedad ni doble moral.





8. Compromisos



Según la Biblia, un hombre debe cumplir cualquier compromiso hecho a Dios. El no debe romper palabra. En otro lado, el compromiso de una mujer no esta necesariamente obligada. Esto debe ser aprobado por su padre, si ella esta viviendo en su casa, o por su marido, si está casada. Si un padre / marido no avalan el compromiso de su hija / esposa, todas las promesas que ella haga se vuelven nulas y vacías:



"Pero si su padre, cuando oye decir eso, se lo prohíbe, ninguno de sus

compromisos y promesas por las que ellas se comprometió tendrán

validez... Su marido puede confirmar o anular cualquier compromiso

que ella hace o cualquier promesa jurada que ella niega."

(Núm. 30: 2-15)



¿Por qué la palabra de una mujer, no la compromete por sí misma? La respuesta es simple: porque ella es propiedad de su padre antes del matrimonio, y de su marido después de su matrimonio. ¡El control del padre sobre su hija era absoluto de forma que si quería, el podía venderla! Las escrituras rabínicas también nos indican que el matrimonio representa la transferencia de control del padre al marido:



"Los esponsales hacen de la mujer una propiedad sacrosanta –propiedad

inviolable- del marido".



Obviamente, si la mujer es considerada la propiedad de alguien, entonces ella no puede hacer ninguna promesa que su propietario no apruebe.



Es interesante advertir que esta instrucción bíblica acerca del compromiso de la mujer ha tenido negativas repercusiones en las mujeres judeocristianas hasta comienzos de este siglo. Una mujer casada en el mundo Occidental no tenía estatus legal. Ningún acto suyo tenía validez legal. Su marido podía rechazar cualquier contrato, convenio o trato que hubiera hecho. Las mujeres occidentales (principales herederas del legado judeocristiano), han sufrido durante casi dos mil años debido a la actitud bíblica concerniente a la situación de la mujer bis-a-bis a sus padres y esposos [18]



En el Islam, el compromiso de cada Musulmán, varón o hembra, los compromete a él como a ella. Nadie tiene el poder de anular las promesas de otro. El incumplimiento del juramento solemne , hecho por un hombre o mujer, tiene que ser expiado como dice el Corán:



"Allah no os tendrá en cuenta la vanidad de vuestros juramentos, pero

sí el que hayáis jurado deliberadamente. Como expiación, alimentaréis a

diez pobre como soléis alimentar a vuestra familia, o les estiréis, o

manumitiréis a un esclavo. Quien no pueda, que ayune tres días. Cuando

juréis, ésa será la expiación por vuestro juramentos. ¡Sed fieles a lo que

juráis!"

(Sagrado Corán 5: 89)



Los compañeros del Profeta Muhammad, la Paz y las Bendiciones sean con él, hombres y mujeres , prestaban personalmente a él su juramento de obediencia. Tanto las mujeres como los hombres llegaban de forma independiente hasta él y hacían sus juramentos:



"¡Profeta! Cuando vengan a ti las creyentes para jurarte fidelidad en

los términos de no asociar nada a Allah, no robar, no cometer adulterio,

no matar a sus hijos, no inventar ninguna falsedad sobre su situación y

no desobedecerte en nada de lo reconocido como bueno, acéptales el

juramento y pide a Allah que les perdone. Allah es Perdonador,

Compasivo."

(Sagrado Corán 60:12)



Un hombre no podía realizar el juramento en nombre de su hija o de su esposa. Ni un hombre podía negar el juramento hecho por cualquiera de sus parientes femeninos.





9. ¿Propiedad de la Mujer?



Las tres religiones comparten de manera unánime la creencia en la importancia del matrimonio y la vida familiar. También están de acuerdo en la autoridad del marido sobre la familia. No obstante, existen entre las tres religiones diferencias destacables con respecto a los límites de esta autoridad. La tradición Judeo-Cristiana, a diferencia del Islam, extiende virtualmente la autoridad del marido hasta la propiedad de su esposa.



La tradición Judía, respecto al papel del marido hacia su esposa, proviene de la concepción de que él la posee como quien posee a un esclavo. [19] Esta concepción ha sido la razón que hay detrás de la doble moral existente en las leyes de adulterio y detrás de la capacidad del marido para anular el compromiso de su mujer. Esta concepción también ha constituido la base para negar a la esposa cualquier poder sobre su propiedad o ganancias. En cuanto una mujer judía se casaba, perdía completamente el control sobre su propiedad y sobre las ganancias de su marido. Los rabinos judíos consolidaron el derecho del marido a las propiedades de su esposa como corolario de la posesión ejercida sobre ella:



"Cuando uno ha entrado en posesión de su mujer: ¿no se deduce

que él también debe entraren posesión de sus propiedades?" y

"Cuando él ha adquirido la mujer ¿no ha de adquirir sus propiedades?"[20]



Así, el matrimonio dejaba a la mujer más rica prácticamente sin dinero. El Talmud describe la situación financiera de una esposa como sigue:



"¿Cómo puede tener una mujer algo si cualquier cosa que tenga

pertenece a su marido? Lo que es de él es suyo y lo que es de ella

también es suyo... Las ganancias de ella y lo que ella pueda encontrar

en las calles también son de él. Los artículos de la casa, incluso las

migas de pan en la mesa, son suyos. Si ella invita a alguien a su casa

y lo alimenta, estaría robando a su marido..."

(San. 71a, Git. 62a)



La consecuencia es que la propiedad de una mujer judía tenía la función de atraer a los aspirantes. Una familia judía asigna una porción de la propiedad del padre para ser usada como dote en caso de matrimonio de la hija. Esta dote hizo que los padres considerasen a las hijas como una pesada carga. El padre tenía que criar a su hija durante años y luego disponer de una dote proporcional a la importancia del matrimonio. Así, una muchacha en una familia judía constituía una carga y no significaba ningún recurso. [21] Esta obligación explica por qué el nacimiento de una hija no era recibido con alegría en la antigua sociedad judía (véase la sección "Hijas avergonzadas"). La dote era el regalo de la boda presentado al novio en los términos de un alquiler. El marido actuaría como dueño efectivo de la dote pero él no podía venderla. La novia perdía cualquier poder sobre la dote en el momento del matrimonio. Es más, se esperaba que ella trabajara después del matrimonio y que todas sus ganancias debían ira a parar al marido a cambio de su mantenimiento, que era obligación de éste. Ella sólo podría recobrar su propiedad en dos casos: divorcio o muerte del marido. Si ella moría primero, él heredaba su propiedad. En le caso de muerte del marido, la esposa podría recobrar su propiedad prematrimonial pero ella no estaba capacitada para heredar ninguna parte de la propiedad del marido difunto. Hemos de añadir que el novio también tenía que presentar un regalo político a su novia, aunque él era el dueño efectivo de este regalo desde el momento en que estuvieran casados. [22]



Hasta hace poco, la Cristiandad, había seguido la misma tradición judía. Las autoridades religiosas y civiles del Imperio Romano Cristiano (después de Constantino) exigieron un contrato de propiedad como condición para reconocer el matrimonio. Las familias incrementaron las dotes a sus hijas y, como resultado, los hombres tendieron a casarse antes mientras las familias proponían los matrimonios de sus hijas más de lo acostumbrado hasta entonces[23] Bajo la ley del Canon, se concedió a la esposa el derecho a la restitución de su dote si el matrimonio era anulado, a menos que ella fuese culpable de adulterio. En este caso, ella perdía su derecho a la dote, que permanecía en manos de su marido. [24] Bajo el Canon y el derecho civil, la mujer casada en la Europa Cristiana y en América, vivió sin derechos a su propiedad hasta finales del siglo XIX principios del siglo XX. Por ejemplo, en la Legislación Inglesa, se compilaron los derechos de las mujeres y se publicaron en 1632. Estos 'derechos' incluían: "Que la entidad jurídica del marido es él mismo. Que la entidad jurídica de la esposa es el marido." [25] La esposa no sólo perdió su propiedad con el matrimonio, sino que también perdió su personalidad. Ningún acto de ella tenía valor legal. Su marido podía rescindir rechazar cualquier venta o regalo hecho por ella, y ningún contrato tenía valor legal. La persona que hacía con ella cualquier contrato se consideraba como un delincuente, por participar en un fraude. Es más, ella no podía demandar o ser demandada en su propio nombre, ni podía demandar a su propio marido.[26] En la práctica una mujer casada era considerada como un niño a efectos legales. La esposa simplemente pertenecía a su marido y por consiguiente perdió su propiedad, su personalidad legal y su nombre familiar. [27]



El Islam, desde el siglo séptimo de la Era Común, concedió a las mujeres casadas la personalidad independiente que el Judeocristianismo occidental les ha estado negando hasta hace poco tiempo. En el Islam, la novia y su familia no están en absoluto obligados a presentar regalo alguno al novio. La hija, en la familia musulmana, no es una carga. La mujer es considerada tan digna en el Islam, que no necesita presentar regalos para atraer a los pretendientes. Es el novio el que debe presentarse ante la novia con una dote. Este regalo es considerado de su propiedad y ni el novio ni la familia de la novia tienen parte o control sobre él. En algunas sociedades musulmanas de hoy, una dote de cien mil dólares en diamantes no es raro. [28] La novia retiene su dote incluso si se divorcia posteriormente. El esposo no puede participar en la propiedad de su esposa excepto lo que ella ofrezca con su libre consentimiento. [29] El Corán ha declarado con bastante claridad su posición en este asunto:



"Dad a vuestras mujeres su dote gratuitamente. Pero si renuncian gustosas

a una parte en vuestro favor, haced uso de ésta tranquilamente."

(Sagrado Corán 4: 4)



La propiedad de esposa y sus ganancias están bajo su pleno dominio y para uso exclusivo de ella, y el mantenimiento de los hijos es responsabilidad de su marido. [30] No importa lo rica que pueda ser la esposa, ésta no está obligada a colaborar en el mantenimiento de la familia a menos que ella decida hacerlo voluntariamente. Los esposos se heredan mutuamente. Es más, una mujer casada en el Islam mantiene una personalidad legal independiente y su nombre familiar.[31] Un juez americano hizo una vez el siguiente comentario sobre los derechos de las mujeres musulmanas: "Una muchacha musulmana puede casarse diez veces, pero su individualidad no está absorbida por la de sus diversos maridos. Ella es un planeta solar con un nombre y una personalidad legal propia.[32]





10. El divorcio



Las tres religiones tienen diferencias notables en sus actitudes hacia el divorcio. La Cristiandad aborrece completamente el divorcio. El Nuevo Testamento aboga inequívocadamente por la indisolubilidad del matrimonio. Se atribuye a Jesús el haber dicho:



"Pero yo os digo que cualquiera que divorcia a su esposa, excepto por

infidelidad matrimonial, la convierte en adúltera, y cualquiera que se

case con una mujer divorciada comete adulterio."

(Mateo 5: 32)



Este ideal inflexible es, sin duda alguna, poco realista. Asume un estado de perfección moral que las sociedades humanas nunca han alcanzado. Cuando una pareja comprende que su vida matrimonial está más allá de cualquier arreglo, una prohibición de divorcio no la resolverá. Forzar a las parejas acabadas a seguir juntas contra su deseos no resulta eficaz ni razonable. No sorprende el hecho de que el mundo cristiano se haya visto obligado, en conjunto, a admitir el divorcio.



El Judaísmo, por otro lado, permite el divorcio incluso sin existir una causa. El Antiguo Testamento otorga al marido el derecho a divorciar a su esposa incluso por que él la deteste:



"Si un hombre se casa con una mujer que le resulta desagradable

porque encuentra algo indecente en ella, y él le firma un certificado

de divorcio, se lo da y la saca de su casa, y si después de que ella

deja la casa se convierte en esposa de otro hombre, y su segundo

marido la detesta y le escribe un certificado de divorcio, se lo da

y la saca de su casa, o si él se muere, entonces al primer marido

que divorció, no se le esta permitido casarse de nuevo con ella

después de que ella se haya manchado."

(Deut. 24: 1-4)



Los versos de arriba han causado alguna discusión considerable entre los estudiosos judíos por sus desacuerdos sobre la interpretación de la palabra "desagradable", "indecencia" y "detestar" mencionados en los versos. El Talmud recoge las diferentes opiniones:



"La escuela de Shammai mantiene que un hombre no debe divorciar

a su esposa a menos que él la haya encontrado culpable de alguna mala

conducta sexual, mientras la escuela Hillel dice que el puede divorciarla

simplemente porque ha encontrado a otra mujer más bonita que ella."

(Gittin 90 a-b)



El Nuevo Testamento sigue la opinión de los Shammaitas mientras la ley judía ha suscrito la opinión de los Hilelitas y de R.Akiba [33]. Desde que prevaleció el punto de vista de los Hilelitas, se convirtió en tradición inamovible de la ley judía el dar la libertad al marido para divorciar a su esposa sin necesidad de existir causa alguna. El Antiguo Testamento no sólo le da al marido el derecho a divorciar a la esposa por ser "desagradable", sino que considera una obligación divorciarse de una "mala esposa":



"Una mala esposa trae humillación, miradas inclinadas hacia abajo, y

un corazón herido. El hombre cuya esposa no lo hace feliz es flojo de

mano y débil de rodilla. La mujer es origen del pecado, y por su causa

todos hemos de morir. No dejes gotear una cisterna resquebrajada ni

permitas a una esposa mala decir lo que le gusta. Si ella no acepta tu

autoridad, divórciala y envíala lejos."



El Talmud recoge varias acciones específicas de esposas que obligaron a sus maridos a divorciarlas:



"Si ella comiera en la calle, si bebiera avariciosamente en la calle, si

amamantara, en cada caso el Rabino Meir dijo que dejar a su marido."

(Git.89a)



El Talmud también ha hecho obligatorio divorciar a una mujer estéril (que no haya dado a luz en un periodo de diez años):

"Nuestros Rabinos enseñan: Si un hombre toma una mujer y vive con

ella durante diez años y ella no da a luz ningún niño, el debe divorciarse

de ella."

(Yeb. 64a)



Las esposas, por el contrario, no pueden iniciar el divorcio bajo la ley judía. Una esposa judía, sin embargo, podría pedir los derechos de divorcio antes de que la corte judía proporcione razones fuertes existes. En muy pocos casos que permiten a la mujer exigir el divorcio. Estos casos incluyen: Un marido con defectos físicos o piel enferma, un hombre que no cumples sus obligaciones conyugales, etc. La Corte puede apoya la demanda de la mujer de divorcio pero no puede disolver el matrimonio. Solo el marido puede disolver el matrimonio dándole a su mujer un certificado de divorcio. La Corte puede castigar, multar, y excomulgarle, y a forzarlo a que le entregue el certificado a su mujer. Sin embargo, su el marido es bastante terco, el puede negarse a concederle a su esposa el divorcio y mantenerla atada a él indefinidamente. Peor aún, él puede abandonar sin concederle el divorcio y dejarla soltera y sin divorciar. El puede casarse con otra mujer o incluso vivir con una mujer soltera sin matrimonio y tener hijos de ella (estos chicos serán considerados legítimos bajo la ley judía). La mujer abandonada, por otro lado, no podrá casarse con ningún hombre, ya que aún esta casada legalmente y no puede vivir con otro hombre porque se considerará una adúltera y los hijos de esta unión serán bastardos durante diez generaciones. Una mujer en tal posición se la conoce como una agunah (mujer encadenada) [34]. Actualmente en los Estados Unidos hay aproximadamente 1000 a 1500 mujeres judías que son agunot (plural de agunah), mientras en Israel puede ser superior a 16000. Los maridos pueden apoderarse de millones de dólares de sus mujeres atrapadas a cambio de un divorcio judío. [35]



El Islam mantiene una posición intermedia entre el Cristiandad y el Judaísmo con respecto al divorcio. El matrimonio en el Islam es un compromiso santificado que no debería romperse excepto por razones obligadas. A las parejeas se les enseña a aplicar todos los remedios posibles cada vez que su matrimonio está en peligro. No se deberá recurrir al divorcio excepto cuando no hay otro camino. El Islam reconoce el divorcio, mas se opone a él en todos los sentidos. Veamos en primer lugar la parte en que es reconocida. El Islam reconoce el derecho de la pareja para terminar con sus relaciones maritales. El Islam le da al marido el derecho de Talaq (divorcio). Más aún, el Islam, a diferencia del Judaísmo, concede a la mujer el derecho de disolver el matrimonio a través de lo que se conoce como Khula' [36]. Un el marido disuelve el matrimonio divorciando a su mujer, el podrá recuperar ninguno de los regalos que se le dieron a ella. El Corán prohíbe explícitamente que el marido divorciado vuelva a tomar su dote sin importar lo caro o valioso que estos regalos pudieran ser:



"Y si queréis cambiar de esposa y le habéis dado una gran dote, no

toméis nada de ello. ¿Seréis capaces de hacerlo con falsedad y cometiendo

un delito evidente?"

(Sagrado Corán 4: 20)



En el caso que la mujer decida romper con el matrimonio, ella deberá devolver la dote a su marido. Devolver la dote en este caso es una compensación justa para un marido que es perspicaz en mantener a su mujer mientras que ella escoge dejarle. El Corán ha enseñado a los hombres Musulmanes a no recuperar ninguna dote que le dieron a sus espesas excepto en el caso en que la mujer decida disolver el matrimonio:



"No es lícito recuperar nada de lo que les disteis, a menos que

ambos teman no cumplir los límites de Allah. Y si teméis no

cumplir los límites de Allah, no hay inconveniente en que ella

obtenga la libertad indemnizando al marido. Estos son los límites

de Allah, no los traspaséis."

(Sagrado Corán 2: 229)



También, una mujer vino al Profeta Muhammad (Salla Allahu 'Alaihi Wa Sallam) buscando la disolución de su matrimonio, ella le dijo al Profeta que no tenía ninguna queja en contra de la manera o carácter de su marido. Su único problema era que ella sinceramente no le gustaba para continuar viviendo con él más tiempo. El Profeta (saw) le preguntó a ella: "¿Podrías devolverle su jardín (la dote que él le dió a ella)?" Ella dijo: "Sí". Entonces el Profeta le informó al hombre que recuperar su jardín y aceptar la disolución de su matrimonio. (Bujari)



En algunos casos, una esposa Musulmana quería mantener su matrimonio pero se encontró obligada a exigir el divorcio por algunos razones obligatorias tales como: Crueldad del hombre, abandono sin una razón, un hombre que no cumple con sus responsabilidades conyugales, etc. En estos casos la corte Musulmana disolvió el matrimonio.



En resumen, el Islam ha ofrecido a la mujer Musulmana algunos derechos inigualados: ella puede poner fin a su matrimonio a través de la Khula' y puede exigir el divorcio. Una esposa musulmanas jamás puede ser encadenada por un marido rebelde. Estos derechos incitaban a las mujeres Judías que vivían en sociedades islámicas del siglo séptimo de la E.C para poder obtener el certificado de divorcio de sus maridos Judíos en las cortes Musulmanas. Los Rabinos declaraban este certificado nulo y vacío. Para terminar con esta práctica, los Rabinos dieron nuevos derechos y privilegios a la mujer Judía en un esfuerzo por reducir el atractivo de las cortes Musulmanas. Las mujeres Judías que vivían en países cristianos no se les ofreció ninguno de estos privilegios desde que la ley Romana del divorcio no era más atractiva que la ley Judía. [38]



Pongamos nuestra atención en cómo el Islam disuade al divorcio. El Profeta del Islam (saw) decía a los creyentes que:



"Entre todas la acciones permitidas, el divorcio es la más odiado por Dios."

(Abu Dawood)



Un hombre musulmán no debe divorciar a su esposa sólo porque no le guste ella. El Corán enseña a los hombres Musulmanes ser amables con sus esposas incluso en caso de emociones tibias o sentimientos de aversión:



"Convivid con ellas según lo reconocido y si os disgustan. Tal vez os

esté disgustando algo en lo que ALlah ha puesto mucho bien."

(Sagrado Corán 4:19)



El Profeta Muhammad dió una instrucción similar:



"Los creyentes que muestran la más perfecta fe son aquellos que

tienen buen carácter y el mejor de vosotros es aquel que sea más

bueno con sus mujeres."

(Tirmidhi)



Sin embargo, el Islam es una religión práctica y reconoce que hay circunstancias en las que el matrimonio llega al borde del derrumbamiento. En estos casos, un mero consejo de bondad o el enfrentamiento en sí mismo no es una solución viable. Entonces, ¿Qué hacer para salvar el matrimonio en estos casos? El Corán ofrece algunos consejos prácticos a los casados (marido o mujer) cuya pareja (mujer o marido) es un malhechor. Para el marido cuya mujer tiene mala conducta y que amenaza el matrimonio, el Corán le da cuatro tipos de consejos como se detallan en el siguiente versículo:



"Pero aquellas cuya rebeldía temáis(*), (1) amonestadlas,

(2) no os acostéis con ellas, golpeadlas; pero si obedecen, no

busquéis ningún medio contra ellas. Allah es siempre Excelso,

Grande. (4) Y si teméis una ruptura entre ambos, nombrad un

árbitro de la familia de él y otro de la familia de ella. Si quieren

reconciliarse, Allah propiciará su reconciliación."



(*) Esto es interpretado por muchos comentaristas como certeza, es decir: "Y aquellas de las que tengáis certeza de su rebeldía.



Primero se intentarán los tres primeros consejos. Si fallaran, entonces se buscara la ayuda de las familias involucradas. Se debe subrayar, que a la luz del versículo anterior, golpear a la mujer rebelde es una medida provisional que se sitúa en tercer lugar en caso de extrema necesidad con la esperanza de que pueda remediar la mala conducta de la esposa. Si lo hace (su esposa), al marido no se le permite bajo ningún concepto continuar molestando a su mujer tal y como menciona el versículo. Si no lo hace, al marido tampoco se le permite continuar usando esta medida por más tiempo y el último la venida de la familia para ayudar en la reconciliación que se ha de explorar.



El Profeta Muhammad ha enseñado a los maridos Musulmanes que no deben recurrir a estas medidas excepto en caso extremo tales como cometer lascivia (es decir, propensión a la lujuria) por la mujer. Incluso en estos casos el castigo deberá ser leve y si la mujer desiste, el esposo le está permitido seguir molestándola.



"En el caso de que ellas sean culpables de lascivia evidente déjalas solas

en sus camas e imponles un castigo leve. Si ellas te son obedientes, no

busques contra ellas ningún medio de molestias."

(Tirmidhi)



Además, el Profeta del Islam ha condenado cualquier paliza injustificada. Algunos esposas Musulmanes se que quejaron a él de que sus maridos les habían pegado. Oyendo eso, el Profeta categóricamente declaró eso:



"Quien así lo hace ( golpear a sus mujeres) no es el mejor entre vosotros"

(Abu Dawood)

Se debe recordar sobre este punto que el Profeta ha dicho también:



"El mejor de vosotros es aquel que es el mejor con su familia, y yo soy el

mejor entre vosotros con mi familia."

(Tirmidhi)



El Profeta aconsejó a una mujer Musulmana que se llamaba Fatimah Bint Quais, que no se casara con un hombre porque el hombre era conocido por pegar a las mujeres.:



"Yo fui al Profeta y le dije: Abul Jahm y Mu'awiah me han propuesto

matrimonio. El Profeta (como consejo) dijo: En cuanto a Mu'awiah él es

muy pobre y Abul Jahm está acostumbrado a pegar a las mujeres."

(Muslim)

                                           

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