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SÍNTESIS DE LA HISTORIA DEL PROFETA LUT (LA PAZ SEA CON ÉL) TAL COMO APARECE RELATADA EN EL NOBLE CORÁN
El Profeta Îbrâhîm –Abraham- (la paz sea con él) dejó Egipto acompañado por su sobrino Lut –Lot- (la paz sea con él), que fue a la ciudad de Sodoma (Sadum), que estaba en la orilla occidental del Mar Muerto (en árabe Bahr Lut, el Mar de Lut). Esta ciudad estaba llena de maldad. Sus residentes abordaban, robaban y mataban a los viajeros. Otro mal común entre ellos era que los hombres tenían relaciones sexuales con los hombres en vez de tenerlas con las mujeres. Este acto contra natura fue conocido después como sodomía (por la ciudad de Sodoma). Era practicado abiertamente y sin vergüenza. Fue por el peso de estos crímenes y transgresiones que Al-lah reveló al Profeta Lut (la paz sea con él) que debía llamar a la gente para abandonar su comportamiento indecente, pero ellos estaban sumidos tan profundamente en sus hábitos inmorales que eran sordos a la predicación de Lut (la paz sea con él). Atrapados por sus deseos contra natura, rechazaron escuchar, incluso cuando Lut (la paz sea con él) les advirtió del castigo de Al-lah. En vez de hacerle caso, intentaron echarle de la ciudad para que no continuara predicando. Al-lah el Todopoderoso reveló: “La gente de Lut negó a los enviados / Cuando su hermano Lut les dijo ¿no vais a temer?/ Yo soy para vosotros un mensajero fiel / así pues, temed a Al-lah y obedecedme. / No os pido ningún pago a cambio, mi recompensa sólo incumbe al Señor de los mundos. / ¿Vais a todos los varones del mundo / dejando las esposas que Al-lah creó para vosotros? Sois gente que excede los límites / Dijeron: si no te detienes, Lut, te encontrarás entre los expulsados. / Dijo: Yo soy de los que aborrecen lo que hacéis [la sodomía]. / ¡Señor! Líbrame a mí y a mi familia de lo que hacen. / Y lo salvamos a él, y a su familia, a todos, / menos a una vieja que fue de los que se quedó. / Luego aniquilamos a los demás” (Sûra ash-Shu’arâ’, 26: 160-172). Los actos del pueblo de Lut (la paz sea con él) entristecieron su corazón. Su mala reputación se extendió por la tierra, mientras que él luchó contra ellos. A medida que pasaban los años, persistió en su misión pero sin resultados. Nadie respondió a su llamada excepto los miembros de su familia, e incluso en su casa, no todos sus miembros creyeron. La mujer de Lut (la paz sea con él), como la mujer de Nuh (la paz sea con él), no aceptó su mensaje. Al-lah el Todopoderoso declaró: “Al-lah les pone un ejemplo a los que se niegan a creer: la mujer de Nuh y la mujer de Lut, ambas estuvieron bajo dos de nuestros siervos justos y ambas les traicionaron. Pero no les sirvió de nada ante Al-lah y se dijo: Entrad en el Fuego en compañía de los que han de entrar” (Sûra at-Tahrîm, 66:10). Si el hogar es el lugar de comodidad y descanso, Lut (la paz sea con él) no tuvo ninguno, puesto que fue atormentado dentro y fuera de su casa. Su vida fue una tortura continua y sufrió muchísimo, pero fue paciente y perseverante con su pueblo. Los años pasaron, y nadie le hacía caso. Al contrario, no daban importancia a su mensaje y se reían desafiadoramente de él: “¿Cómo podéis buscar a los hombres, asaltar los caminos y hacer cosas reprobables en vuestras reuniones? Pero la única respuesta de su gente fueron las palabras: Tráenos el castigo de Al-lah si es verdad lo que dices” (Sûra al-‘Ankabût, 29:29). Abrumado por la desesperación, Lut (la paz sea con él) pidió a Al-lah que le concediera la victoria y destruir a los corruptos. En consecuencia, los ángeles dejaron a Îbrâhîm (la paz sea con él) y fueron hacia Sodoma, la ciudad de Lut (la paz sea con él). Alcanzaron los muros de la ciudad al atardecer. La primera persona que los vio fue la hija de Lut (la paz sea con él), que estaba sentada a la vera del río, llenando su jarra con agua. Cuando levantó la cara y los vio, quedó maravillada de que pudiera haber hombres de tanta belleza en la tierra. Uno de los tres hombres (ángeles) le preguntó: “¡Oh doncella! ¿Hay algún sitio donde descansar?”. Recordando el carácter de la gente, contestó: “Quedaos aquí y no entréis hasta que haya informado a mi padre y vuelva”. Dejando su jarra en el río, marchó corriendo a su casa. “¡Oh padre!”, exclamó, “te reclaman unos jóvenes en la puerta de la ciudad y yo nunca he visto unas caras iguales”. Lut (la paz sea con él) se afligió y corrió rápidamente hacia los visitantes. Les preguntó después de dónde venían y a dónde iban. Ellos no contestaron a sus preguntas. En vez de eso le preguntaron si los podía hospedar. Empezó a hablar con ellos y les advirtió de la naturaleza de su pueblo. Lut (la paz sea con él) se sentía mal; quería convencer a los visitantes sin ofenderlos, para que no pasaran la noche allí, y al mismo tiempo quería cumplir con las obligaciones normales de hospitalidad. En vano intentó hacerles comprender la situación peligrosa en que se encontraban. Al final, les pidió que esperaran hasta la caída de la noche, para que nadie los viera. Cuando la oscuridad se adueñó de la ciudad, Lut (la paz sea con él), escoltó a sus invitados hasta su casa. Nadie se dio cuenta de su presencia. Sin embargo, tan pronto como la mujer de Lut (la paz sea con él) los vio, se deslizó silenciosamente de la casa para que nadie la echara en falta. Rápidamente, corrió a su gente con las noticias éstas se propagaron entre todos los habitantes de Sodoma con la rapidez del fuego. La gente se precipitó sobre Lut (la paz sea con él) rápida y excitadamente. Lu (la paz sea con él) quedó sorprendido de que hubieran descubierto sus invitados, y se preguntó quién les había informado. La cosa quedó aclarada cuando no pudo encontrar a su mujer, lo que añadió más pesar a su sufrimiento. Cuando Lut (la paz sea con él) vio al gentío aproximarse hacia su casa, cerró la puerta, pero la abrieron golpeándola. Defendió a sus huéspedes para que los dejaran solos y temieran el castigo de Al-lah. Les conminó a satisfacer sus necesidades sexuales con sus esposas, porque esto es lo que Al-lah había hecho lícito. La gente de Lut (la paz sea con él) esperó hasta que hubo terminado su sermón, y después rugieron con sus fuertes risas. Cegados por la pasión, rompieron la puerta. Lut (la paz sea con él) se enfadó mucho, pero no pudo hacer nada contra esa gente violenta. Era incapaz de evitar el abuso de sus invitados, pero permaneció firmemente en su lugar advirtiendo a la muchedumbre. En ese terrible momento, deseó tener el poder de separarlos de sus huéspedes. Viéndole en un estado de indefensión y aflicción, los invitados le dijeron: “No estés nervioso o asustado, Lut, porque somos ángeles, y esta gente no te puede hacer daño”. Al oír esto, la muchedumbre quedó aterrorizada y huyó de la casa de Lut (la paz sea con él), amenazándole mientras se iban. Los ángeles advirtieron a Lut (la paz sea con él) que dejara su casa antes de la salida del sol, llevándose con él a toda su familia excepto a su mujer. Al-lah había decretado que la ciudad de Sodoma debía perecer. Un terremoto conmovió la ciudad. Fue como si un inmenso poder hubiera levantado la ciudad y la dejara caer de golpe. Una tormenta de piedras llovió sobre la ciudad. Todos y todo fue destruido, incluyendo a la mujer de Lut (la paz sea con él). Al-lah el Todopoderoso nos cuenta esta historia: “Y háblales de los huéspedes de Îbrâhîm [los ángeles]. / Cuando llegaron a él y dijeron: Paz. Dijo [Îbrâhîm]: realmente sentimos recelo de vosotros. / Dijeron: No temas, estamos aquí para anunciarte un muchacho sabio. / Dijo [Îbrâhîm]: ¿me traéis buenas nuevas (de un hijo) a pesar de que me ha llegado la vejez? ¿Cómo podéis traérmelas? / Dijeron: Te anunciamos buenas nuevas con la verdad, no seas de los que han perdido la esperanza. / Dijo [Îbrâhîm]: ¿Y quién puede desesperar de la misericordia de su Señor sino los extraviados? / Dijo: ¿Y cuál es vuestra misión, mensajeros? / Dijeron: se nos ha enviado a una gente que hacen el mal [que son muÿrimûn: criminales]. / Con la excepción de la familia de Lut a los que salvaremos a todos, / menos a su mujer contra la que hemos decretado que sea de los que se queden atrás / Y cuando llegaron los mensajeros a la familia de Lut / Dijo: sois unos desconocidos. / Dijeron: Por el contrario venimos a ti con lo que ellos ponen en duda. / Te hemos traído la verdad y somos ciertamente veraces. / Así pues, sal de noche con tu familia y guárdales la espalda y que ninguno de vosotros se vuelva a mirar. Id a donde se os mande. / Y les inspiramos este mandato: Cuando amanezcan será eliminado hasta el último de ellos. / Y llegaron los habitantes de la ciudad alborozados. / Dijo: estos son mis huéspedes, no los deshonréis. / Temed a Al-lah y no me entristezcáis. / Dijeron: ¿Acaso no te hemos prohibido que hospedes a nadie? / Dijo: Aquí tenéis a mis hijas [para casaros con ellas] si habéis de hacerlo. / ¡Por tu vida! Que estaban perdidos en su ceguera. / Y el grito los agarró a la salida del sol. / Pusimos lo de abajo arriba e hicimos que cayera sobre ellos una lluvia de piedras de arcilla. / Realmente en eso hay signos para los que observan. / Y ella [la ciudad] se hallaba en un camino que aún subsiste. [de Meca a Siria, el lugar donde está el Mar Muerto] / En eso hay un signo para los creyentes” (Sûra al-Hiÿr, 15:51-77). Al-lah el Exaltado declaró: “Y lo salvamos a él, y a su familia, a todos, / menos a una vieja [su mujer] que fue de los que se quedó. / Luego aniquilamos a los demás. / E hicimos caer sobre ellos una lluvia [de tormento]. ¡Qué mala lluvia la de los que han sido advertidos! / Realmente ahí hay un signo. La mayoría de ellos no eran creyentes. / Es verdad que tu Señor es el Irresistible, el Compasivo” (Sûra ash-Shu’arâ’, 26:170-175). Se cerró el libro sobre el pueblo de Lut (la paz sea con él). Sus ciudades y nombres han sido borrados de la faz de la tierra, a excepción del testimonio que representa el Mar Muerto, que como su nombre indica, ha quedado como lugar de desolación. Con él, se cerró uno de los libros de la corrupción. Al-lah señala cuál es su gran trasgresión en Su Libro: “Y Lut, cuando dijo a su gente: ¿Estáis cometiendo la indecencia que nadie antes en los mundos ha cometido? / ¿Vais a los hombres con deseo, en vez de a las mujeres? Realmente sois una gente desmesurada. / Pero la única respuesta de su gente fue decir: ¡Expulsadlos de vuestra ciudad, son gentes que se tienen por puros! / Y los salvamos a él y a su familia con excepción de su mujer que fue de los que se quedaron atrás. / E hicimos que cayera una lluvia” (Sûra al-A’raf, 7:80-84). Lut (la paz sea con él) continuó su camino hasta Îbrâhîm (la paz sea con él). Lo visitó, y cuando le contó la historia de su pueblo, se sorprendió porque Îbrâhîm (la paz sea con él) ya la sabía. Así que Lut (la paz sea con él) siguió invitando a la gente a Al-lah, como hizo Îbrâhîm (la paz sea con él), y los dos llevaron a cabo su misión con firmeza. Hemos señalado lo más importante de esta historia, sobre la cual debemos reflexionar, pero cabe recordar que aparece relatada en muchas otras aleyas.
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